
Pese a todo, este nuevo descubrimiento de los investigadores canadienses ha dejado sorprendidos incluso a ellos mismos. En los años noventa, se alarmaron cuando empezaron a reconocer los síntomas de una tendencia hacia la disminución de niveles del agua, así como cambios en la química de ésta. Cuando llegaron para comenzar su trabajo de campo en julio del 2006 (el año más caluroso registrado hasta ahora para esa porción del Ártico), se encontraron con que algunos de los estanques que contuvieron masas de agua permanentes durante milenios, estaban secos, mientras que otros tenían drásticamente reducidos sus niveles de agua.
Al tiempo que supervisaban los estanques durante 24 años, los investigadores también han ido reconstruyendo las tendencias ecológicas durante los últimos milenios en algunos de los estanques, aplicando técnicas paleoecológicas. En un artículo publicado en la revista Science en 1994, demostraron que los estanques existieron durante milenios, pero que al comenzar el siglo XIX sufrieron marcados cambios ecológicos, que concuerdan con el calentamiento.
Mientras que algunos lagos subárticos han desaparecido en fechas recientes porque el permafrost que formaba una barrera básicamente impermeable se ha fundido, éste no es el caso aquí. En vez de eso, los estanques del Alto Ártico se están evaporando, por causa directa del calentamiento. Midiendo los cambios en la calidad de agua durante su ventana de muestreo de 24 años, han demostrado que la concentración de sales ha ido en aumento.
Lo observado por los investigadores en estos estanques es similar a una olla de sopa puesta a cocer a fuego lento. La sopa disminuirá lentamente su volumen y se hará más y más salada al evaporarse el agua y permanecer la sal. El mismo proceso está sucediendo con los estanques del Cabo Herschel. Los niveles de agua están disminuyendo con la evaporación debida al calentamiento, y las sales se han concentrado más en el agua restante.
Otro hallazgo perturbador fue la sequía de los humedales circundantes. En los años ochenta, varias zonas de su región de estudio se caracterizaban por los humedales saturados de agua. En el 2006, algunos de ellos se habían secado en una magnitud tal que podrían incendiarse fácilmente con el mero uso de un encendedor. "Las consecuencias ecológicas de transformar humedales como estos, haciéndolos pasar de ser sumideros de carbono a convertirse en potenciales fuentes de carbono, son aterradoras", alertan los autores del estudio.
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