
Junto con manifestar su preocupación por la ausencia de una Red Sismológica Nacional y por la escasez de profesionales del área, el científico critica la locura de continuar construyendo en las zonas costeras del norte.
Por Alejandra Zúñiga S.
Corresponsal en Santiago
Aunque casi todos los chilenos saben que habitan un territorio en el que “tiembla”, la mayoría ignora que es el más sísmico del mundo, y que el terremoto de mayo de 1960 que sacudió el sur del país, con magnitud 9.6, es el más grande registrado hasta ahora.
El Magallanes conversó con el magallánico Armando Cisternas Silva en la Escuela de Geofísica de la Universidad de Chile, durante la visita que realiza cada año para contribuir en la formación de nuevos profesionales. De conversación amable y mirada humilde, que contrasta con los numerosos títulos y distinciones que ha recibido a lo largo de su carrera, recuerda con emoción su infancia en Magallanes.
Hijo de Onofre Cisternas (ex alcalde y uno de los fundadores del Partido Radical en la zona) visitó su ciudad natal por última vez el año pasado, en el marco de los 120 años del Liceo Salesiano San José, ocasión en la que recibió una distinción como ex alumno destacado. “Tuve la suerte de estar con varios de mis antiguos compañeros, y también con Mateo Martinic, que iba un año antes; a raíz de ese encuentro, publiqué un trabajo sobre terremotos en la región en la revista que él dirige, Magallania”.
Aun cuando entre 1965 y 2002 no visitó su tierra, no se siente ajeno a ella: “La primera vez que regresé a Punta Arenas me di cuenta que había cambiado mucho, pero seguía siendo una ciudad muy bonita. Se ven cosas nuevas, pero quedan muchas de las de antes, además de los amigos. Siempre que voy es una maravilla: nos reunimos y vemos fotos del colegio”. Además, aún tiene familia en la región: “mi medio hermano trabaja con el alcalde Morano, y entre mis primos está Eliecer Bahamóndez, que es muy activo en temas de educación”.
Al recordar su infancia, se emociona al hablar de su padre: “El era de la región de Lago Budi, Puerto Saavedra. Se fue por casualidad a Punta Arenas: estaba con un amigo en el puerto de Valdivia, conocieron a unos marineros, jugaron a los naipes, se tomaron algunos vasitos, y cuando despertaron, el barco ya estaba en marcha hacia el sur. Entonces, fueron a ver al capitán para que los dejara salir a la playa, pero él les dijo que tenían que trabajar. En esos tiempos era una forma habitual de conseguir mano de obra barata. Cuando desembarcaron, inmediatamente buscaron trabajo para volver al norte, pero no regresaron nunca más. Después tuvo una zapatería en Punta Arenas, donde se encontró con mi madre, que era de Valdivia también”.
“Hijo del medio”, cuenta que no tuvo una relación muy cercana con sus hermanos, dada la diferencia de edad (7 años menor que su hermano y 7 mayor que su hermana), pero que conserva recuerdos hermosos de su infancia magallánica, así como de sus padres: “Tengo una imagen absolutamente adorable de mi padre, que fue una persona extraordinaria con nosotros y al mismo tiempo se ocupó de la ciudad, así como de mi madre, que era muy cariñosa. Como alcalde, mi padre trabajó mucho… Yo lo acompañé cuando se distribuyeron los terrenos de la municipalidad para lo que fue la Población 18 de Septiembre; él tenía los mapas y marcaba ‘esto es de tal persona, esto es de tal otra’, era muy bonito”.
Agrega que en el último tiempo, dos hechos relacionados con su padre lo han emocionado: el artículo de Luis Godoy publicado en este medio, y el bautizo de una calle de Punta Arenas con el nombre de su padre.
El más terremoteado
Armando Cisternas es una eminencia en materia de terremotos a nivel mundial, pero él se ríe un poco de sus títulos, diciendo que es “el magallánico más terremoteado”.
- ¿Cómo llega un niño magallánico a interesarse tan fuertemente en la ciencia?
- “Tuve muy buenos profesores en el Liceo San José. Muchos de ellos me marcaron, pero en particular el padre Fernando Cifuentes, un cura relativamente joven, alto y muy delgado, que tenía una gran pasión por las matemáticas. Tenía libros en francés y nos sacaba problemas de allí… de repente estábamos jugando fútbol y me llamaba para pasarme un papelito: ‘haz este problema y vas a ver qué bonito que es’. Así es que yo pescaba el problema, lo hacía y se lo llevaba para corregirlo.
- El se dio cuenta que usted tenía facilidad para las matemáticas…
- “El marcó una escuela de personas que se interesaron por las matemáticas, y después muchos eligieron estudiar Ingeniería por esa formación”.
Hay una imagen de esos años que Armando Cisternas conserva con especial afecto: “Una tarde de invierno, cuando ya estaba oscuro, yo estaba jugando ping pong en una de las salas del colegio. De repente, se abrió la puerta, apareció él y me llamó… con el dolor de mi corazón, dejé la paleta y me acerqué. Me pasó un papelito donde había una especie de signo de interrogación con puntitos, completada con una línea. ‘¿Ves eso?, es la Constelación del Escorpión’. Yo lo miré con cara de ‘ah, ya, qué bueno’, Entonces, me llevó al medio del patio y me mostró hacia arriba: ¡Estaba el cielo lleno de estrellas! De repente vi la constelación y quedé maravillado. Fue una de esas cosas que marcan”.
Con esas motivaciones, cuenta humilde que sacó el mejor Bachillerato en Matemáticas de ese año “y con eso pude venir con beca a estudiar Ingeniería a la Universidad de Chile. Entré a esta facultad y cuando terminé, me fui un año a Punta Arenas a trabajar en la Enap. En eso estaba cuando recibí una carta de la universidad, preguntándome si quería ingresar al Departamento donde estaba la sismología. Respondí que sí, con la condición de que pudiera salir con una beca al extranjero a estudiar un doctorado. Como aceptaron, me vine, mi sueldo bajó a la mitad, pero yo estaba feliz. Y a los 3 meses estaba en California, en Caltech (California Institute of Technology), un lugar de primera clase, que estaba al tope de la sismología. Una de las personas que estaba ahí era el señor Charles Richter, autor de la escala de medición de los terremotos”.
Tras obtener un Doctorado en Geofísica y Matemáticas regresó a Chile y comenzó a formar alumnos, entre los que menciona orgulloso a varios que son hoy profesores en el extranjero: “Juan Enrique Luco, en la Universidad de San Diego, California; Octavio Betancourt, en la Universidad de Nueva York; Raúl Madariaga, sismólogo, profesor en París. En esos años se dieron las condiciones para que se desarrollara todo un grupo científico y fue el momento en que la ciencia comenzó a despertar en Chile. Entre 1964 y 1973 fue una época sumamente dinámica e interesante. Luego hubo un corte, y eso fue un desastre. La mayor parte de la gente se fue y yo partí a Argentina (mi mujer es argentina, y una de mis hijas nació en Buenos Aires). Después nos fuimos a Francia y estuvimos en París durante varios años, para luego radicarnos en Estrasburgo, que es uno de los dos lugares en el mundo donde comenzó el estudio científico de la sismología, en el Institut du Physique du Globe”.
En su carrera ha tenido numerosas y variadas experiencias, además de ver cómo la tecnología ha ido evolucionando para apoyar el estudio de esta disciplina. “Tuvimos la suerte de comenzar a estudiar terremotos en el momento en que se construyeron aparatos chiquititos que permitían ir a terreno”. Ha estudiado sismos en todo el Mediterráneo, el Cáucaso, y hasta en Mongolia, además de Venezuela, Colombia, Perú y Chile. “Hicimos toda la cordillera de los Andes estudiando terremotos, yo siempre digo que hacíamos turismo sismológico. Cada lugar era impresionante, pero lo más fuerte fue Mongolia ¡las antípodas de Chile y de Punta Arenas!”
- ¿Siempre tuvo claro que su veta era la sismología?
- “No. Mis intereses eran las matemáticas y la física, pero cuando trabajé en Enap, estuve en prospección de petróleo donde se usaron métodos sísmicos. Tuve la oportunidad de estar en un barco norteamericano que hacía estudios en los canales, para conocer las propiedades del mar y de la corteza terrestre submarina. Ese barco fue el primero que se usó para eso, venía de la Universidad de Columbia en Nueva York, y en él estaba la persona que inició el estudio oceanográfico. Aprendí mucho de cómo estudiar la tierra a partir de los terremotos, o de los sismos artificiales como los que ellos creaban: la Enap les había dado dinamita con la condición de que nosotros pudiéramos ir en el barco. ¡Era una locura cómo funcionaba! Amarraban un paquete de dinamita, le ponían una mecha, lo prendían con un cigarrillo y lo tiraban al mar. Ahí tuve la idea de que valía la pena estudiar esto”.
Escasez de
profesionales
En agosto de 1999, La Prensa Austral conversó con Armando Cisternas a propósito de su condecoración con la Medalla Rectoral, por las máximas autoridades de la Universidad de Chile. En esa oportunidad, el científico se refería a lo impresentable del hecho que el país, el más sísmico del mundo, no contara con una Red Sismológica Nacional. Lamentablemente, casi una década después, la realidad es la misma.
- ¿En qué beneficia una red sismológica al estudio de estos fenómenos?
- “Cuando se hacen este tipo de estudios, uno ve un terremoto en particular. Como cada uno es distinto, cada vez se va aprendiendo más. Se miden las réplicas, o sea los pequeños terremotos que se producen alrededor de la zona que se rompió, lo que permite conocer cuál es esa zona. Con el ministro Belisario Velasco se logró avanzar, y hay una promesa de que el gobierno va a dar dinero para comprar e instalar una red sismológica en todo el país, pero aún no se ha concretado. Es una pena”.
Pero los datos no sólo sirven para establecer normas que ayuden a tener construcciones más seguras. También son útiles para realizar estudios que permitan diseñar centrales nucleares, que produzcan la energía que a Chile le hace falta. A eso se refiere Cisternas en un artículo publicado recientemente en la Revista del Colegio de Ingenieros, tras su experiencia como uno de los 25 expertos de nivel mundial que analizaron este tema para el gobierno suizo, en el Proyecto Pegasos. “La Presidenta dice que durante su gobierno no se construirán centrales nucleares, pero sí se harán estudios para ver si es posible o no. Con esto le deja la carga a los gobiernos que vienen, porque es un tema vital para el país. Es un problema que hay que resolver de alguna manera, ya sea usando energía hidráulica, térmica, del sol, del viento… Como sea, Chile tiene que ser independiente en este terreno”.
Agrega que “en Suiza producen el 40 por ciento de la energía eléctrica usando centrales nucleares, y en Francia, cerca del 75 por ciento. El asunto es que no se pueden tratar como un edificio común y corriente, la seguridad tiene que ser máxima. Me gustó mucho este proyecto, porque no se dejó absolutamente nada al azar. Es un buen ejemplo de cómo debería hacerse un estudio así en Chile”.
Pero la ausencia de una red sismológica no es la única falencia que detecta Armando Cisternas. En la actualidad, combina sus tareas de docencia e investigación en el Instituto de Física del Globo, en la Universidad Luis Pasteur de Estrasburgo, Francia, con varias semanas al año de residencia en Chile, donde contribuye a la formación de los especialistas que, a su juicio, el país necesita. “Aquí tendría que haber más de 20 sismólogos de primer nivel, que vayan a estudiar a las mejores universidades de afuera y vuelvan con esa formación. Esto permitiría tener la cobertura nacional que hoy no existe: en el país más sísmico del mundo, los sismólogos se cuentan con los dedos de una mano, y los que hay están en Santiago, sólo uno en Concepción. También faltan vulcanólogos, y expertos en seguridad nuclear y en funcionamiento de centrales nucleares. Por eso me interesa tratar de ayudar a que se forme gente joven”.
En esta oportunidad, sus clases estuvieron orientadas a físicos (Métodos de Física Matemática), sismólogos (Sismología Teórica), pero también a profesionales de otras disciplinas, con el curso “Fractales: ¿Cómo se organiza la naturaleza?”.
La situación
de Magallanes
Otro tema que preocupa a Cisternas es la construcción en zonas de inundación de tsunamis. “En todas las ciudades costeras están haciendo realmente tonteras que arriesgan a la gente. Esos edificios están bien construidos de acuerdo a la norma sísmica chilena, pero en lugares donde va a venir una ola de tsunami luego del próximo terremoto de gran magnitud que se producirá en el norte. La norma no menciona la palabra tsunami y debe incorporarse pronto”.
Hay que recordar que en el norte de Chile se han producido dos tsunamis muy importantes, en 1868 y 1877. En el primero, dos barcos de guerra fueron llevados una milla tierra adentro, y el segundo los llevó de vuelta a la costa, además de tragarse un elegante hotel de Arica, lleno de pasajeros. “La gente se olvida. En Sumatra, en diciembre de 2004, el sismo fue tan grande que cambió el eje de rotación de la Tierra, y el tsunami causó la muerte de centenares de miles de personas. Lamentablemente, no fue sorpresa porque ésa es una zona conocida por su sismicidad”.
- ¿Podría ocurrir algo así como lo que mostró una animación de la National Geographic hace un par de años, sobre lo que pasaría en Valparaíso?
- “No, de ninguna manera. Esa animación no se hizo con base seria. El terremoto más grande que se conoce es de magnitud 9.6, ocurrió en el sur de Chile en 1960 y sólo rompió mil kilómetros. Esa animación plantea un terremoto más grande, frente a Valparaíso. Es imposible porque tendría que romperse un segmento de más de mil 400 kilómetros para que tuviera esa magnitud”.
- Y en Punta Arenas, ¿podría ocurrir un tsunami?
- “Es muy poco probable porque la situación es otra, y además influye la profundidad del mar, que en el Estrecho de Magallanes es poca (300 metros), comparada con la de la costa central (4 a 6 kilómetros). Eso hace que la columna de agua que puede levantar un terremoto es mucho menos importante. Si hay daño, sólo será localmente, cerca del lugar del sismo, o por derrumbes de material como lo que ocurrió en Aysén el año pasado”.
Lo que no descarta, es la ocurrencia de un terremoto en Magallanes. Si bien la velocidad de acercamiento de las placas Sudamericana, Antártica y Scotia es menor de 2 centímetros por año, lo que contrasta con los 10 centímetros al año que convergen las placas de Nazca y Sudamericana en el norte de Chile, los terremotos en la zona pueden ocurrir en cualquier momento.
De hecho, el sismo de diciembre de 1949, cuyo epicentro estuvo en el fondo submarino, cerca del Cabo Froward, es el que más le impresiona hasta ahora. “Me ha tocado estar en muchos terremotos, pero ése es uno de los más impresionantes. Fue inesperado y muy grande, de magnitud 7.8. Estaba preparando mis exámenes de 6º año de Humanidades y no tenía idea de sismología, pero incluso se veían las ondas del movimiento. Terremotos como ése pueden ocurrir en otros lugares de esa falla, que es larga (entre las placas Sudamericana y Scotia)”.
Armando Cisternas regresará a Francia los primeros días de septiembre, país en el que también residen sus dos hijas y tres nietos, de 15, 13 y 10 años. Al despedirse, comenta que espera viajar a Punta Arenas en marzo próximo.
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