Los índices de extinción de especies, la destrucción de los ríos, la escasez alimenticia...
No existe una imagen más perturbadora que la de un niño desposeído mirando a cámara como preguntando cuál ha sido su participación en el juego diabólico de los adultos que lo han dejado ahí sin protección.
Víctima de la indolencia de un entorno ausente ante los verdaderos problemas que lo afectan, pareciera decir con esos ojos incrédulos la frase que Mafalda inmortalizó entre sus contemporáneos: "paren el mundo que me quiero bajar".
El apetito insaciable de los que están acostumbrados a obtener la mejor tajada y los traficantes de gloria que están dispuestos a demandar sacrificios para mantenerse en el poder y que a la hora de corresponder medianamente con las prerrogativas que les ha dado la existencia, ante el menor indicio de cordura, se declaran inasistentes e inútiles. Ahora, se está discutiendo si las políticas para preservar lo que nos queda de planeta, es un ardid de los países desarrollados para limitar el crecimiento de los países en desarrollo.
Se debate en todas las instancias, si la alarma sobre el calentamiento global producido por la emanación humana de dióxido carbono se ha convertido en un gran negocio para las miles de personas que actualmente militan en organizaciones ambientalistas o es una necesidad insoslayable de reducir drásticamente el concepto de desarrollo imperante por un modelo sustentable pensando en la conservación del medio ambiente. El reciclaje de la basura -por ejemplo- se plantea como un negocio productivo como si preservar la vida, no fuera suficiente negocio en sí mismo.
Se argumenta que se están destinando demasiados fondos en tratar de disminuir el calentamiento global cuando en realidad el aumento de la temperatura global -sustentado con cifras- no tiene relación directa con la producción de dióxido de carbono sino con los cambios electromagnéticos en la superficie del sol. Pero los índices de extinción de especies, la destrucción de los ríos, la escasez alimenticia, la distribución de los recursos y los sistemas políticos que no permiten el ejercicio de la libertad, no son fantasías de los medios, las cifras también están ahí.
Uniarthl@yahoo.com
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lunes, 4 de agosto de 2008
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