
Madrid.- La central nuclear española de Ascó podría tener que pagar hasta 22,5 millones de euros (algo más de 33 millones de dólares) por uno de los incidentes más graves en la historia nuclear española, una fuga radiactiva ocurrida en noviembre pasado y que tardó cinco meses en comunicar a las autoridades competentes.
El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) español propuso hoy al Ministerio de Industria la sanción récord para la central nuclear, situada en Tarragona, en el noreste del país, y propiedad de las energéticas Endesa e Iberdrola, reportó DPA.
El CSN decidió por unanimidad expedientar a la central por una sanción grave en grado máximo, tres en grado medio y dos leves en grado mínimo, lo que supondría una multa de entre 9 y 22,5 millones de euros. La cuantía la debe fijar ahora el Ministerio de Industria.
Hasta el momento, la máxima multa impuesta a una central nuclear española es la que se fijó en 2006 para la planta de Vandells II, de 1,6 millones de euros (casi 2,4 millones de dólares).
Aunque según un informe no hubo riesgo para el medio ambiente o para la salud, el CSN ordenó en su día realizar mediciones de radiactividad a todas las personas que pasaron por la planta desde que se inició la fuga. El director de la central y su jefe de protección fueron destituidos.
El incidente, uno de los cuatro más graves en la historia nuclear del país, se produjo durante la parada de recarga de la central. En esa operación se transportan las barras de combustible nuclear a través de unos tubos, que luego se lavan con agua a presión y se secan mediante unas bombas.
Como siempre quedan charcos, similares a los que permanecen al vaciar una piscina, los operarios sacan el agua de éstos con unas aspiradoras manuales. En esta ocasión, ese agua, la que más material radiactivo acumula, acabó en un bidón de 50 litros. Pero un operario lo tiró en la piscina de combustible en vez de tratarlo como residuo radiactivo.
Además, junto a la zona del vertido estaba en marcha un potente sistema de ventilación que absorbió parte de las partículas radiactivas y las lanzó al exterior a través de una chimenea.
El resultado fue un escape de partículas de cobalto, manganeso, zirconio y molibdeno, entre otros isótopos radiactivos. El 95 por ciento se quedó en un radio de 50 metros, lo que significa que la mayor parte se acumuló en los tejados de los edificios de la central y no llegó al exterior.
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