jueves, 14 de agosto de 2008

Marco Negrón // Urbanismo sustentable

La solución ha de buscarse en las ciudades y desde las ciudades, no fuera de ellas


Sólo una supina ignorancia puede afirmar que el desarrollo sustentable es una moda más, que pasará sin pena ni gloria con el transcurrir del tiempo. Pero existe también una ignorancia especular que cree que la sustentabilidad puede resolverse acabando con las ciudades, promoviendo la dispersión de la población sobre el territorio, incluso volviendo a la economía conuquera que proclaman algunos profetas del socialismo del siglo XXI.

Es cierto que las ciudades son las grandes contaminadoras del mundo: ellas generan cerca del 80% de los gases invernadero, con una fuerte incidencia en el calentamiento global. Pero es ilusorio pensar que el crecimiento urbano -a no ser que ocurriera un cataclismo universal- se va a detener, menos a revertir. Por el contrario, lo previsible es que la dinámica de urbanización durante el siglo XXI sea mucho mayor de lo que fue durante el siglo XX, que puede definirse con propiedad como el siglo de las metrópolis: para el 2000 la población urbana de Asia era de 1.400 millones de habitantes, superior en más de 200 millones a la población urbana de Europa, Norteamérica y América Latina y el Caribe consideradas conjuntamente. Pero mientras en estas tres últimas regiones la población urbana era el 75% de la total, en Asia era apenas el 38%: había todavía 2.300 millones de habitantes viviendo en zonas rurales.

La respuesta no puede ser entonces desentenderse del problema que significan las ciudades en el contexto del calentamiento global ni la irresponsabilidad equivalente del cretinismo ruralista: la solución del problema ha de buscarse en las ciudades y desde las ciudades, no fuera de ellas.

Hoy se ensayan respuestas en distintas latitudes: desde la Ecociudad de Sarriguren en Navarra hasta la ciudad "cero emisiones" de Masdar, en ese emporio petrolero que son los Emiratos Árabes Unidos, pasando por la brasileña Curitiba. Entre nosotros, con gasolina regalada, regulación a la baja de las tarifas de los estacionamientos, estímulos a la compra de autos privados y ausencia de políticas de transporte público, la conciencia de los retos urbanos de este siglo es inexistente. Y no sólo de parte de un gobierno cuyo primitivismo es notorio: también de parte de una oposición que, enfrentada a unas inminentes elecciones municipales, no parece tener propuestas al respecto.

mnegron@msn.com
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